viernes, 16 de octubre de 2026

Sobre Tratado sobre el hambre, de Zulema Lázaro

 


El hambre de los otros, el hambre de todos

Hay libros que no terminan cuando cerramos sus páginas, porque algo de lo que cuentan sigue sucediendo afuera, en las calles, en los cuerpos y en las vidas de quienes muchas veces preferimos no mirar. Tratado sobre el hambre, de Zulema Lázaro, es uno de esos libros que nos interpelan, nos conmueven y nos recuerdan que la literatura también puede ser una forma de conciencia.

Lázaro hace algo extraordinario: le da voz a quienes la sociedad suele condenar al silencio. Su protagonista, Alirio, es un hombre en situación de calle que ha perdido casi todo, pero conserva su inteligencia, su lenguaje y una singular capacidad para observar y nombrar el mundo. Su voz, desbordada, irreverente, llena de humor, ironía y poesía, es una forma de resistencia.

A su lado está Moira, su hija adolescente, que llega a vivir con él. Alirio debe enseñarle a sobrevivir en un mundo donde él mismo apenas consigue hacerlo. ¿Qué puede ofrecer un padre que carece de casa, de seguridad y de certezas? Puede transmitirle sus saberes, sus estrategias, su experiencia. Y en ese gesto, humilde y desgarrador, aparece una forma de amor que conmueve: cuidar aun cuando casi todo falta.

Zulema Lázaro no se limita a contar la pobreza: construye una lengua capaz de habitarla. No convierte a Alirio en una víctima sin matices, sino en un hombre entero, contradictorio, inteligente y digno. Le devuelve algo que la mirada social tantas veces le niega: su condición humana, su derecho a pensar y a decir.

Porque el hambre no es solamente la que duele en el estómago. También existe el hambre de afecto, de reconocimiento, de pertenencia; el hambre de ser visto, de que alguien se detenga y reconozca nuestra existencia.

Volver a esta novela en la Argentina actual adquiere una urgencia particular. Cuando las políticas económicas y sociales deterioran las condiciones de vida, cuando llegar a fin de mes se vuelve una hazaña y las necesidades más elementales se transforman en incertidumbre, el hambre deja de ser una palabra abstracta. Tiene cuerpos, rostros, familias e historias.

La literatura no reemplaza a la política, pero puede iluminar sus consecuencias humanas. Detrás de cada cifra hay una vida; detrás de cada situación de pobreza, alguien que intenta sostener sus vínculos, cuidar a los suyos y preservar su dignidad. La pobreza nunca debería parecernos natural, ni el sufrimiento ajeno convertirse en paisaje.

Alirio y Moira nos enfrentan a una pregunta dolorosa: ¿cómo se transmite el amor cuando no se puede garantizar la seguridad? ¿Cómo se ofrece un futuro cuando el presente está ocupado por la urgencia de sobrevivir?

Ahora que Zulema Lázaro presenta su nueva novela, Bianca Jagger, el próximo 12 de noviembre en Je Suis Lacan, en San Telmo, es una hermosa oportunidad para volver sobre este gran trabajo literario. No como quien recupera un libro del pasado, sino como quien encuentra en sus páginas nuevas preguntas para comprender el presente.

Hay algo profundamente amoroso en la escritura de Lázaro, aunque no sea complaciente. Su amor consiste en mirar de frente, en escuchar a quienes casi nadie escucha y en recordarnos que la dignidad no depende de cuánto dinero tengamos en el bolsillo.

Gracias, Zulema, por hacer de la palabra un refugio posible cuando casi todo lo demás falta. Por recordarnos que mirar a quienes han sido invisibilizados es también un acto de resistencia.

Porque hay libros que alimentan el pensamiento, pero este, además, nos recuerda que hay cuerpos que necesitan alimento, personas que necesitan amparo y una sociedad que necesita recuperar la capacidad de conmoverse, indignarse y actuar.


Meche Martinez

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