Hay encuentros que cambian una vida. Y hay obras que nos cambian la mirada.
Visitando al Sr. Green pertenece a esa última categoría: la de las
historias que nos recuerdan que, detrás de cada puerta cerrada, hay un universo
esperando ser descubierto.
En el corazón de esta historia, escrita por Jeff Baron, dos hombres, dos
generaciones y dos maneras de habitar el mundo se encuentran casi por “accidente”.
Ross Gardiner debe visitar semanalmente al Sr. Green, un hombre mayor, viudo y
aferrado a sus rutinas, después de un episodio que los reúne por mandato
judicial. Lo que comienza como una obligación se convierte, lentamente, en un
territorio de revelaciones, resistencias y ternura.
Jorge Suárez y Facundo Arana están brillantes. Son dos
actores potentes, de una entrega que conmueve, capaces de desdoblarse en escena
y regalarnos personajes que respiran, duelen, se defienden y, finalmente, se
permiten sentir. Hay algo profundamente humano en verlos encontrarse desde sus
diferencias, construir silencios, sostener miradas y dejar que las palabras
revelen aquello que el corazón tarda en pronunciar.
Sus historias personales no se olvidan, pero sobre el escenario sucede algo
extraordinario: se transforman en materia viva de una experiencia artística que
los trasciende. La vida les ofreció esta oportunidad y ellos supieron
abrazarla, honrarla y convertirla en teatro. Bendecidos por el teatro, nos bendicen
también a nosotros, que tenemos la fortuna de ser sus espectadores.
La dirección de Santiago Doria, junto a la dirección adjunta de Mateo
Chiarino, encuentra una identidad propia y se distancia de versiones anteriores
para ofrecernos una puesta que respira con voz propia.
Hay sensibilidad, inteligencia y un cuidado especial en la construcción de
ese vínculo que crece entre las paredes de una casa y termina abriendo las
puertas de nuestra propia intimidad. La soledad, los prejuicios, la familia, la
identidad y la necesidad de ser aceptados atraviesan esta obra sin
estridencias. Allí reside parte de su grandeza: en recordarnos que nadie es
solamente aquello que muestra, que todos guardamos secretos, dolores y
preguntas, y que escuchar al otro puede ser una forma inesperada de salvación.
En tiempos en los que tantas veces levantamos muros antes de conocer al que
tenemos enfrente, Visitando al Sr. Green nos invita a entreabrir una
puerta, a quedarnos un rato más, a descubrir que la empatía no borra nuestras
diferencias: nos enseña a habitarlas.
Una obra enorme, sostenida por artistas únicos e irrepetibles, que nos
devuelve al teatro con el alma un poco más abierta.
Vayan al teatro. Déjense conmover. Aplaudan de pie y con el corazón.
Meche Martinez
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