Hay obras que no buscan agradar sino incomodar en el sentido más noble del término: ese que sacude, que desplaza, que obliga a mirar donde durante demasiado tiempo se eligió no mirar. Silencio de hembra, de Mónica Salvador, se inscribe con una potencia singular en esa línea de teatro necesario, urgente, casi diría vital.
Desde su arquitectura dramatúrgica, la pieza despliega
una poética que no cede ante lo complaciente. Hay una escritura, la de Mónica
Salvador, que respira como si cada palabra hubiese sido arrancada de un lugar
profundo, donde la memoria no es lineal sino fragmentaria, caprichosa, incluso
dolorosamente esquiva. En ese mismo desorden se organiza un sentido: el de una
identidad que pugna por reconstruirse. Salvador no narra, evoca; no describe,
hiere con belleza. Su texto tiene la crudeza de lo indecible, pero también un
vuelo lírico que lo eleva, evitando caer en cualquier forma de literalidad o
golpe bajo.
En escena, Belén Santos realiza un trabajo de una
entrega conmovedora. Su actuación no sólo es brillante en términos
interpretativos, sino profundamente orgánica: el cuerpo habla tanto como la
palabra. Hay en su composición una fisicalidad que no ilustra, sino que encarna
el trauma, lo atraviesa, lo vuelve presente. Y como si esto no bastara, Santos ejecuta en vivo la música —con partituras originales de Andrea Spinadel—
integrando el piano como extensión emocional de la escena, como si cada nota
fuese también una forma de decir aquello que no puede pronunciarse.
El trabajo corporal, concebido bajo la impronta
inconfundible de Marcelo Savignone, aporta una dimensión expresiva de altísima
precisión. No hay gesto que sobre, no hay desplazamiento que no esté cargado de
sentido. La escena se vuelve entonces un territorio donde el lenguaje se
multiplica: palabra, música y cuerpo dialogan en una misma intensidad.
La dirección de Herminia Jensezian se distingue por
una sobriedad inteligente. En un gesto que revela plena conciencia del material
que tiene entre manos, elige lo despojado, y en ese despojar, potencia. Porque
cuando lo esencial está en juego —la memoria, el abuso, la reconstrucción
subjetiva— todo artificio resulta innecesario. La escena queda así librada a la
verdad del acontecimiento, a ese espacio donde lo que importa es que,
finalmente, alguien pueda hablar.
En el íntimo y siempre acogedor espacio Tadrón, la
obra encuentra su territorio ideal. Allí, la cercanía con el público
intensifica la experiencia: no hay distancia posible frente a lo que se expone.
Y es en esa proximidad donde Silencio de hembra termina de desplegar su
potencia política y sensible.
Silencio de hembra no es una obra
fácil, ni pretende serlo. Es una experiencia que interpela, que duele y que,
justamente por eso, resulta imprescindible. ¡Para ver! Y DEBATIR… sin dudarlo.
Meche Martinez
Redes Sociales: Florencia Gerez
Música original: Andrea Spinadel
Diseño gráfico: Pedro Schiavi
Iglesias
Diseño de movimientos: Marcelo Savignone
Puesta en escena: Herminia Jensezian
Dirección general: Herminia Jensezian
TADRON TEATRO
Niceto Vega 4802
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4777-7976
Web: http://www.tadronteatro.com.ar
Domingo - 18:00 hs - Hasta el 31/05/2026
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