viernes, 30 de enero de 2026

Salvaje Federal

 

                                                                           Selva Almada

Hay lugares donde todavía es posible que algo ocurra. Salvaje Federal es uno de ellos. No solo una librería —aunque lo sea— ni únicamente un proyecto cultural —aunque también—, sino un punto de encuentro donde la literatura vuelve a respirar sin apuro, lejos del ruido, del algoritmo y del centralismo que suele dictar qué se lee y qué no.

Creado por la escritora Selva Almada junto a tres amigas (Naty Peroni y Raquel Tejerina), Salvaje Federal nació como librería virtual con una misión clara: visibilizar y hacer circular literatura argentina producida y editada en las provincias. Libros que muchas veces no llegan a las grandes vidrieras, pero que contienen mundos enteros. Hoy, además, ese gesto se materializa en un espacio físico en Humahuaca y Medrano, donde los libros no solo se compran: se habitan.

El lunes pasado, por ejemplo, el lugar se transformó. Con música en vivo y un dispositivo audiovisual sencillo, se desarrolló una jornada de lectura que logró algo cada vez más raro: que la gente dejara el celular. En la voz de Selva Almada, las palabras se fueron espesando, atrapando intereses, generando un silencio atento, casi corporal. Un público ávido —lector, curioso, sensible— se dejó llevar por ese acto tan antiguo y tan político como escuchar a alguien leer en voz alta.

En Salvaje Federal también importan los detalles y las personas. En la secretaría está Naty Peroni, una presencia amorosa que sonríe apenas uno cruza el umbral, como si entrar fuera ya formar parte de algo. Por ahí anda Meme —Mercedes—, ofreciendo libros a precios democráticos, con esa convicción silenciosa de que la literatura no debería ser un lujo. Y July Nin, asistente y cómplice de las movidas culturales, que además te salva la noche con un “tintillo de verano”, fresco, tomable, inesperadamente bueno —casi un acto militante en un circuito donde las bebidas en eventos suelen ser apenas un trámite—.

Entre estanterías y conversaciones, no es raro cruzarse con escritoras como Dolores Reyes, autora de Cometierra, discípula y amiga personal de Almada. En Salvaje Federal los autores no son figuras lejanas: deambulan, escuchan, conversan, comparten.

Más que una librería, Salvaje Federal es un espacio donde se trama comunidad, donde se discute —sin solemnidad— cómo circula la literatura en Argentina y qué voces quedan al margen. Su nombre, elegido con ironía y humor político, dialoga con la historia para resignificarla: lo salvaje, lo federal, lo diverso como potencia creativa y no como periferia.

En tiempos de consumo veloz y atención fragmentada, Salvaje Federal insiste en algo simple y radical: encontrarnos. Leer. Escuchar. Abrir, aunque sea por un rato, el mundo cultural.

Meche Martínez




 

miércoles, 28 de enero de 2026

Modelo Vivo Muerto

 

No es solo una obra: es un acontecimiento escénico. De esos que recuerdan porque el teatro —cuando es verdadero— sigue siendo una experiencia irreemplazable, un acto de comunión viva entre artistas y espectadores.

En el marco de un examen final de una prestigiosa academia de arte, un modelo vivo aparece misteriosamente muerto. Lo que podría derivar en un policial convencional se transforma, en manos de Los Bla Bla & Compañía, en un dispositivo teatral desbordante de imaginación, humor y sensibilidad. La investigación avanza con métodos poco ortodoxos y, como corresponde al mejor teatro, no busca tanto resolver un crimen como revelar el pulso humano que late detrás de cada gesto, cada silencio, cada disparate.

Por momentos, asoma una inspiración que dialoga con el ADN de Los Macocos y la precisión musical e intelectual de Les Luthiers. Pero sería injusto quedarse allí: Los Bla Bla han construido una identidad propia, una brillantez escénica singular que se sostiene en lo colectivo. Son divertidos sin ser livianos, musicales sin ser decorativos, coloridos sin caer en el exceso, luminosos sin perder profundidad. Y, sobre todo, son ARTISTAS —así, en mayúsculas— capaces de llenar el Teatro Metropolitan un miércoles de enero y hacerlo vibrar.

La obra respira una sensibilidad poco frecuente. Hay intensidad, hay amor, hay una solidez que solo puede surgir de una creación colectiva genuina, tejida con tiempo, escucha y afecto. Se nota —se siente— que detrás de esta propuesta hay grandes seres humanos que no buscan el lucimiento individual, sino transmitir algo mucho más poderoso: el amor por el teatro como acto compartido.

El elenco es sencillamente deslumbrante. Manu Fanego, Sebastián Furman, Pablo Fusco, Julián Lucero, Tincho Lups y Carola Oyarbide están impresionantes, brillantes, geniales. Cada uno, en su rol, “la descose”. No hay fisuras: el trabajo coral es de una precisión gozosa, donde cada intérprete sostiene al otro y el conjunto se eleva.

El universo visual acompaña y potencia el relato con una coherencia exquisita. El diseño de vestuario de Sandra Szwarcberg aporta identidad y carácter; la escenografía de Sol Soto construye un espacio tan lúdico como funcional; y el diseño de luces de Gustavo Lista ilumina con inteligencia, marcando climas y ritmos con sensibilidad narrativa. La música —encantadora, viva, esencial— a cargo de Sebastián Furman, no subraya: dialoga, respira con la escena y se integra orgánicamente al relato.

Todo este engranaje encuentra su pulso exacto en la dirección de Francisca Ure, que logra un ensamble preciso y amoroso, donde nada sobra y nada falta. La obra avanza con ritmo, sorpresa y una atención constante al espectador, que nunca es subestimado.

Qué hermosura cuando, después de ver tanto teatro, algo logra sorprenderte. Cuando te subyuga, te mantiene atenta, te corre del eje y te cambia el día —o, mejor dicho, la noche—. Los Bla Bla te cortan la semana y te recuerdan que el teatro puede ser una fiesta, un refugio y una sacudida al mismo tiempo.

Modelo Vivo Muerto es una celebración del arte escénico, del trabajo colectivo y del placer de crear. Excelente. Necesaria. Inolvidable. Noble. (Meche Martinez)

Miercoles 22 hs, Teatro Metropolitan. CABA




Dramaturgia:
Creación Colectiva
Intérpretes:
Manu FanegoSebastián FurmanPablo FuscoJulian LuceroTincho LupsCarola Oyarbide
Diseño de vestuario:
Sandra Szwarcberg
Diseño de escenografía:
Sol Soto
Diseño de luces:
Gustavo Lista
Redes Sociales:
Diego Bocha Fernandez
Música:
Sebastián Furman
Diseño gráfico:
Manu FanegoPatricio Vegezzi
Asistencia:
Maribel Villarosa
Producción:
Maribel Villarosa
Colaboración en dramaturgia:
Gustavo Lista
Colaboración coreográfica:
Jorge Thefs
Dirección:
Francisca Ure


martes, 27 de enero de 2026

Cuestión de género

 

Cuestión de género se inscribe en ese territorio donde la comedia deja de ser un mero dispositivo de entretenimiento para volverse pensamiento en acto. La obra, escrita por Jade Rose Parker, aborda con inteligencia y una sensibilidad filosa los pliegues de la identidad, los prejuicios heredados, la homofobia soterrada y las contradicciones morales de una burguesía que se pretende moderna pero aún tiembla cuando el deseo, el género o el amor se corren de lo esperado. Parker escribe con una lucidez notable: sus diálogos son brillantes, punzantes, a veces incómodos, y logran lo más difícil—hacer reír mientras desarman certezas. Cada palabra parece puesta para abrir una grieta, para evidenciar que lo “natural” muchas veces no es más que una construcción aprendida.

Sobre ese material potente, Nelson Valente realiza una dirección de una fineza admirable. Conduce la escena con una precisión que nunca aplasta el texto, sino que lo hace respirar, desplegarse, crecer en la carne de los intérpretes. Valente sabe cuándo acelerar el ritmo para potenciar el humor y cuándo detenerse para permitir que emerja la emoción, esa que aparece casi sin aviso y deja al espectador desarmado. Dirigir a figuras como Moria Casán y Jorge Marrale no es tarea menor, y sin embargo el director logra un equilibrio virtuoso: los contiene, los impulsa y los pone al servicio de un todo profundamente orgánico.

Moria Casán, diva absoluta, cercana a cumplir 80 años, es ella misma. Hay en su actuación una conciencia plena de su figura pública, pero también una entrega genuina al juego teatral. Su presencia ilumina la escena, maneja el tempo del humor con maestría y construye un personaje que oscila entre la rigidez ideológica y la fragilidad emocional, sin perder nunca su magnetismo.

La sorpresa —para quien no lo haya visto antes sobre un escenario— es Jorge Marrale. Su trabajo es inmenso. Desde una actuación sólida, contundente y profundamente amorosa, logra que la mirada del espectador se centre en él casi de manera inevitable. Marrale compone con una humanidad conmovedora: su personaje no declama, no explica, vive. Y en ese vivir se vuelve espejo, pregunta, herida abierta.

Paula Kohan y Ariel Pérez de María completan este grupete familiar con una precisión notable. Ambos ensamblan a la perfección, aportando matices, tensión y verdad a una estructura que necesita de cada pieza para funcionar. No hay excesos ni desajustes: cada actuación dialoga con la otra, sosteniendo el clima de una obra que se mueve con soltura entre la risa franca y la reflexión profunda.

Cuestión de género es una obra sensible y diversa, enorme en su alcance emocional y conceptual. Una comedia que no subestima al público, que invita a reírse de lo que duele y a pensar en aquello que todavía incomoda. Teatro vivo, inteligente, necesario. Inmenso. Para ver… (Meche Martinez)


Teatro Metropolitan (Av. Corrientes 1343, CABA)  funciones de miércoles a viernes a las 20:00 hs, sábados a las 20:30 hs y domingos a las 19:15 hs.

 

 


miércoles, 21 de enero de 2026

Los días perfectos

 


Hay actores que no se interpretan: se habitan. Leonardo Sbaraglia pertenece a esa estirpe. Leo es Leo, es nuestro, y su trazo escénico ya dialoga —sin estridencias y con absoluta legitimidad— con los nombres mayores de nuestra historia teatral: Alfredo Alcón, Pepe Soriano, Héctor Alterio. Que sea tan argentino, tan de acá, tan profundamente reconocible en su decir y en su silencio, nos conmueve y nos reúne.

“Los días perfectos”, basada en la novela de Jacobo Bergareche, es la gran excusa —bendita excusa— para volver a encontrarnos con él en el escenario del Teatro Nacional Cervantes, ese templo laico donde la palabra adquiere densidad histórica. Con producción del propio teatro y la solvencia de quienes conocen el pulso de esa casa, la obra logra algo infrecuente: que el texto respire, que la dirección se haga sentir sin imponerse y que el actor sea el centro magnético de la experiencia teatral.

En ese clima de sobriedad inteligente, Sbaraglia construye un personaje que no declama emociones: las deja caer, como quien no puede evitar decir lo que duele.

La trama es, en apariencia, simple y por eso mismo devastadora: amor y desamor, deseo y pérdida, la conciencia de lo irreversible. Pero “Los días perfectos” no narra una historia; nos invita a detenernos. A pensar en aquello que no vuelve, en lo que elegimos y en lo que dejamos pasar. Es un paisaje íntimo, casi suspendido en el tiempo, donde los deseos están en movimiento, las inseguridades se exhiben sin pudor y los miedos del narrador quedan al alcance de la mano, como si el escenario fuera también el interior de nuestra propia cabeza.

Hay algo profundamente teatral en esta propuesta: la transmutación de la literatura en cuerpo, en voz, en respiración compartida. El texto —ya de por sí sublime— en boca de Sbaraglia se potencia porque él sabe cómo volverlo único, irrepetible, vivo. Cada función es un acto de entrega que el público agradece con aplausos de pie, noche tras noche, como un ritual necesario.

En este enero porteño, “Los días perfectos” se erige como la obra destacada de la temporada: una experiencia sensible, madura, profundamente humana. Teatro del que no busca deslumbrar, sino permanecer. Teatro que, cuando cae el telón, sigue hablando en nosotros. ¡Excelente! (Meche Martínez)

 

Sobre textos de: Jacobo Bergareche

Adaptación: Daniel Veronese

Intérpretes: Leonardo Sbaraglia

Escenografía: Alberto Negrín

Iluminación: Ariel Ponce

Producción De Video: Nicolás Matias Marino

Musicalización: Daniel Veronese

Video: Alberto Negrín

Proyecciones: Alberto Negrín

Asesoramiento artístico: Maria Figueras

Asistencia de dirección: Toía  BéhèranVanesa CampaniniMatías López StordeurMónica Quevedo

Producción ejecutiva: Chiara Alessi

Productor Del Tnc: Santiago Carranza

Dirección: Daniel Veronese

TEATRO NACIONAL CERVANTES
Libertad 815 
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4816-4224
Web: 
http://www.teatrocervantes.gob.ar/
Entradas desde: $ 20.000,00 - Domingo, Miércoles, Jueves, Viernes y Sábado - 21:00 hs - Hasta el 01/02/2026

 

 

jueves, 15 de enero de 2026

Las que gritan

 

Las que gritan no es solo una comedia: es un grito contenido que finalmente encuentra su cauce. Un grito que nace del cuerpo, de la memoria, de los silencios heredados y de las palabras que nunca se dijeron a tiempo.

Tres hermanas llegan a la adultez cargando frustraciones, heridas antiguas y una historia familiar marcada por lo no dicho. La madre —motor inesperado de la trama— decide convocarlas a pasar un fin de semana juntas. Ese gesto, que parece mínimo, funciona como una bomba emocional: nada volverá a ser igual después de ese encuentro.

La obra, adaptación de la pieza española escrita por Antonio Rincón-Cano y José María del Castillo, se mueve con soltura entre lo absurdo, lo surrealista y lo profundamente humano. La vida aparece allí como es: imprevisible, a veces despiadada, otras veces ridícula, pero siempre atravesada por el humor como mecanismo de defensa y, también, de sanación.

Las actuaciones son uno de los grandes pilares de Las que gritan. Julia Zenko, Laura Novoa y Eugenia Guerty construyen personajes potentes, reconocibles, llenos de matices. Guerty —siempre tan brillante— maneja el ritmo de la comedia con precisión, logrando que la risa conviva con el dolor sin caer jamás en la superficialidad. Karina Piñeiro sorprende gratamente, aportando frescura y una sensibilidad que equilibra el universo emocional de la obra.

Manuel González Gil lo define con claridad: “Con hilarante tono de comedia, estas cuatro mujeres buscarán reflejar la realidad que las atormenta y las atemoriza”. Y esa realidad, como en la vida misma, se vuelve descontrolada, divertida, mística y profundamente imprevisible. La obra se permite esos desbordes, esos excesos, porque entiende que sanar vínculos familiares no es un proceso prolijo ni lineal: es caótico, intenso y, muchas veces, incómodo.

Las que gritan habla de la liberación femenina, pero no desde el discurso explícito, sino desde el cuerpo, desde el hartazgo, desde la necesidad urgente de romper mandatos y animarse a decir. Gritar, en este caso, no es violencia: es supervivencia. Es ponerle voz a lo que durante años fue callado.

Se presenta los sábados a las 23:00 h y los domingos a las 21:00 h en el Teatro Metropolitan.
Una obra hermosa, honesta y necesaria. De esas que invitan a aplaudir con ganas, pero también a salir del teatro pensando en nuestra propia historia familiar, en nuestras hermanas —reales o simbólicas— y en todo lo que todavía nos falta decir.
(Meche Martinez)

Dirección general: Manuel González Gil
Dirección musical: Martín Bianchedi
Autores: José María del Castillo – Antonio Rincón Cano
Versión: Manuel González Gil y Sofía González Gil
Elenco: Julia Zenko, Laura Novoa, Eugenia Guerty y Karina Piñeiro
Asistencia de Dirección: Elis García
Diseño de Escenografía: Lucila Rojo/ Agustina Filipina
Diseño de Vestuario: Romina Giangreco
Diseño de Iluminación: Manuel González Gil
Diseño gráfico: Claudio Díaz
Coreografía: Rubén Cuello
Prensa: SMW asesores de prensa
Producción general: Karina Piñeiro y Sebastián Aldao

 

 



miércoles, 14 de enero de 2026

Historias de Contrabajo

 

Roberto es gordo, pero no se lo podés decir.  No porque no lo sea, sino porque nombrarlo sería reducirlo. Roberto es masa, cuerpo sonoro, exceso que vibra. Es contrabajo: grave, imponente, seductor. Es voz de bajo y madera resonante. Es presencia que ocupa espacio, escena y vínculo.

La obra construye, desde una aparente sencillez narrativa, una relación profundamente compleja: Roberto y Pablo. El instrumento y el instrumentista. El cuerpo y quien lo carga. El deseo de viajar y el peso de hacerlo posible. Roberto quiere moverse, irse, cruzar fronteras; Pablo organiza, planifica, sostiene. Uno goza del trayecto, el otro paga el costo físico y emocional del desplazamiento.

La dramaturgia —firmada por César Brie y Pablo Brie— se apoya en el humor para revelar una verdad incómoda: amar también es cargar. Y a veces, cargar duele. Pablo sufre discusiones, miradas ajenas, la burocracia del mundo que no entiende que un contrabajo no es equipaje, sino compañero. Roberto nunca va solo, pero Pablo siempre va con Roberto.

La obra se vuelve profundamente conmovedora cuando deja de hablar del esfuerzo y se entrega a la música. Porque cuando Pablo toca y Roberto canta, todo lo demás desaparece. El conflicto se suspende. El cuerpo deja de pesar. El vínculo encuentra sentido. Allí, en ese instante efímero, el sacrificio se justifica y el mundo se ordena alrededor del sonido.

La dirección de César Brie es precisa y amorosa, dejando respirar los silencios y permitiendo que la metáfora nunca se vuelva obvia. La actuación y la música en vivo de Pablo Brie sostienen la escena con una sensibilidad extraordinaria: hay técnica, pero sobre todo hay humanidad. El contrabajo no es objeto, es personaje.

El diseño de iluminación de Stefany Briones Leyton acompaña con inteligencia los climas emocionales, mientras que la escenografía —a cargo de Ana Wharen Brie, Mariano Sivak y Stefany Briones Leyton— propone un espacio funcional, poético y al servicio del relato, sin artificios innecesarios.

Historia de contrabajo es una obra sobre el amor, la dependencia, el arte y el cuerpo. Sobre lo que pesa y lo que salva. Una pieza sensible, honesta y profundamente musical, que se presenta como una elección perfecta para abrir la temporada de teatro independiente 2026 en el Teatro Camarín de las Musas.
Una obra que, como la buena música, sigue resonando cuando el escenario queda en silencio. Excelente comienzo de temporada. (Meche Martínez)

 

Dirección: César Brie

Elenco: Pablo Brie

Texto: César Brie, Pablo Brie

Música: Pablo Brie

Diseño de Iluminación: Stefany Briones Leyton

Escenografía: Ana Wharen Brie, Mariano Sivak, Stefany Briones Leyton

Vestuario: César Brie

Sonido: Federico Caiafa

Diseño gráfico: Laura Varsky

Prensa y difusión: Caro Alfonso

 

Camarin de las Musas, Jueves 20; 30 hs.  Maria Bravo 960. Caba

miércoles, 17 de diciembre de 2025

El vagón del deseo

El vagón del deseo, microteatro escrito por Lucas Lagré y dirigido por Maximiliano Galeano, confirma que el formato breve no es sinónimo de ligereza, sino de precisión. En apenas quince minutos, la obra logra condensar tensión dramática, humor y una notable cercanía emocional, apoyada en un dispositivo escénico que apuesta por la inmersión total del espectador.

El microteatro, como experiencia, propone un pacto distinto: lugares  pequeños, público reducido y una proximidad que borra la frontera tradicional entre escena y platea. Aquí, ese pacto se potencia al máximo. El vagón —espacio temático, íntimo y cargado de simbolismo— no solo funciona como escenografía, sino como un territorio vivo donde el deseo, la incomodidad y el juego de miradas circulan sin filtros. El espectador no observa: viaja.

La dramaturgia de Lagré se sostiene en diálogos ágiles y situaciones reconocibles, donde el humor aparece como una puerta de entrada a zonas más profundas del vínculo humano. Hay risa, sí, pero también una lectura sutil sobre lo que se desea, lo que se calla y lo que se proyecta en el otro durante ese trayecto compartido que es tanto literal como metafórico.

Las actuaciones de Celeste Gerez y Roberto Casale son, sin exagerar, brillantes. Ambos comprenden a la perfección las reglas del formato: no hay margen para el exceso ni para la dispersión. Cada gesto, cada pausa y cada inflexión vocal están calibrados para un público que respira a centímetros. La química entre los intérpretes es inmediata y sostiene la verosimilitud del encuentro, generando una calidez que se contagia y envuelve.

La dirección de Maximiliano Galeano acompaña con inteligencia este entramado, potenciando el carácter inmersivo sin subrayados innecesarios. Todo fluye con naturalidad, como si el vagón existiera desde siempre y el público hubiera sido invitado —casi sin darse cuenta— a ocupar un asiento más.

En mi debut en el formato microteatro, la experiencia fue en Villa Urquiza, y salí contenta y agradecida. Agradecida por un teatro que se anima a correrse de los moldes, que busca nuevos públicos y que demuestra que, incluso en quince minutos y en un espacio mínimo, puede suceder algo grande. El vagón del deseo es, justamente, eso: un viaje breve, intenso y disfrutable, que deja ganas de volver a subir. Para ver! (Meche Martínez)

Salvaje Federal

                                                                                               Selva Almada Hay lugares donde todavía es pos...