Hay textos que no
envejecen: mutan de máscara. Los pilares de la sociedad, de Henrik
Ibsen, es uno de ellos. Lo que en su origen fue una denuncia frontal a la
hipocresía de la burguesía decimonónica, hoy resuena como un espejo incómodo de
nuestras propias tramas de poder, prestigio y simulacro.
Karsten Bernick
—empresario próspero, dueño de astillero, alcalde ejemplar— es el modelo del
hombre recto. Un “pilar”. Filántropo, moralista, referente social. Pero Ibsen,
que inaugura aquí su realismo crítico, no escribe para consagrar estatuas sino
para fisurarlas. Y en esa grieta aparece Johan Tonnesen, el cuñado que vuelve,
el fantasma del pasado que amenaza con revelar negocios turbios y una ética
sostenida por el cálculo y la omisión. La obra no solo denuncia: pone a sus
criaturas en el borde del precipicio, allí donde el melodrama exige acción y la
verdad, para que algo cambie, debe hacerse pública.
La adaptación de
Juan Carlos Fontana, Martín Seefeld, Carolina Solari y Jorge Suarez arranca
sólida. No traiciona la arquitectura ibseniana, pero la acerca con inteligencia
a un pulso contemporáneo. Hay ritmo, hay tensión progresiva, hay una
comprensión cabal del dispositivo dramático: el secreto como motor, la
reputación como moneda, la verdad como amenaza.
El elenco es
memorable. Antonia Bengoechea, Mara Bestelli, Susana Gianonne, Alfredo
Castellani, Daniela Catz y Gerardo Chendo sostienen la trama con oficio y
matices. Pablo Finamore, Edgardo Moreira, Agustín Suarez y Fernando Sureda se
lucen con contundencia, delineando personajes que no son meros satélites del
conflicto central sino engranajes necesarios de esa maquinaria social que Ibsen
disecciona.
Y luego están
ellos: Martín Seefeld y Eleonora Wexler.
Seefeld —gran
simulador en escena— compone un Bernick que sorprende. No lo construye como un
villano plano, sino como un hombre atrapado en su propia red de prestigio. Hay
en su trabajo un vaivén entre la soberbia del poder y el temblor del
descubierto. Su caída no es estridente; es progresiva, casi íntima, y por eso
más devastadora.
Wexler, en cambio,
irrumpe con una presencia que arrasa. Entra y el aire cambia. Su halo escénico
es innegable. Podría decirse, sin exagerar, que lo hace una y otra vez muy
bien; pero aquí hay algo más: una densidad emocional que trasciende el texto.
Cada palabra parece venir de una verdad interna ya transitada. Y cuando el
final convoca a la catarsis, el aplauso de pie no es un gesto automático: es la
respuesta orgánica a una actuación enorme.
La dirección de
Jorge Suarez es correcta, poética y ajustada. No busca deslumbrar con
artificios sino acompañar el conflicto con precisión. Hay equilibrio entre lo
íntimo y lo político, entre la denuncia social y el drama familiar. La puesta
entiende que el verdadero escándalo no es el negocio turbio sino la estructura
que lo sostiene y lo celebra.
En tiempos donde
los “pilares” siguen erigiéndose sobre discursos de rectitud mientras esconden
dobleces, Ibsen vuelve a ser contemporáneo. Esta versión lo confirma: el
teatro, cuando se atreve a correr el velo, no solo representa la sociedad; sino
que la interroga. (Meche Martínez)
Adaptación: Juan Carlos Fontana, Martín Seefeld, Carolina Solari, Jorge Suarez
Actúan: Antonia Bengoechea, Mara Bestelli, Alfredo Castellani, Daniela Catz, Gerardo Chendo, Lolo Crespo, Pablo Finamore, Susana Giannone, Donata Girotti, Luis Longhi, Edgardo Moreira, Gilda Scarpetta, Martín Seefeld, Agustín Suárez, Fernando Sureda, Eleonora Wexler
Diseño de vestuario: Laura Singh
Diseño de escenografía: Marlene Lievendag, Micaela Sleigh
Diseño sonoro: Betty Gambartes, Diego Vila
Diseño De Iluminación: Ricardo Sica
Asistencia de escenografía: Maia Doudchitzky
Asistencia de iluminación: Diego Becker
Asistencia de vestuario: Héctor Ferreyra
Coordinación De Talleres De
Escenografía:
Guadalupe Borrajo
Coordinación De Producción
Artística:
Juliana Ortiz
Coordinación De Vestuario: Sofía Davies
Coordinación De Producción
Técnica:
Ana Carolina García
Colaboración artística: Carolina Solari
Coordinación técnica: Juan Cruz Muños
López, Charly Quiroga
Dirección Adjunta: Eduardo Gondell
Dirección general: Jorge Suarez
Teatro Alvear, funciones: Miércoles a sábados, 20
horas. Domingos 19 horas
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