SANTOS VEGA: EL REGRESO A NUESTRAS RAÍCES,
UNA FIESTA DE TEATRO Y ARGENTINIDAD
Hay propuestas teatrales que trascienden el escenario y se convierten en una
experiencia que nos toca en lo más profundo. Santos Vega, en el Teatro Nacional
Cervantes, es una de ellas: un regreso a nuestra identidad, a la memoria de un
pueblo, a esa raíz criolla que sigue latiendo debajo de todo lo que somos.
Con una dirección magistral de Daniel Casablanca, la obra despliega un
universo de imágenes, música, movimiento y emoción que recupera la esencia de
la gauchesca y la transforma en una experiencia escénica vibrante,
contemporánea y profundamente nuestra. Casablanca consigue que la tradición no
sea una pieza de museo, sino una materia viva que respira, se mueve y nos
interpela.
Federico Llambí, en el papel de Santos Vega, merece una mención especial. Su
interpretación le da cuerpo y alma a la leyenda, construyendo un personaje que
atraviesa el escenario con la fuerza de lo mítico y la humanidad de lo cercano.
Una actuación que sostiene el corazón de esta historia y nos invita a entrar en
ese territorio donde la poesía, el destino y la identidad se encuentran.
Y qué decir de
esta gran compañía: Rosario
Albornoz, Gonzalo Amor,
Rosario
Ascencio, Paraná
Berreta, Gabriela
Biebel, Fabricio
Blanco, Camilo
Carabajal, Martha
Humbert Dunoyer, Federico
LLambí, Emiliano Luna,
Soledad Mangia,
Yacaré Manso,
Pedro Maurizi,
Florencia
Mendizabal, Roberto Monzo,
Guido
Napolitano, Mariana Ortiz
Losada, Mariela
Passeri, Solsiré Pinto,
Gimena
Riestra, Maia Roldán,
Alejandro
Segovia, Fernando Fefo
Sellés, Rodrigo
Vallejos, Eliana
Vazquez, Alejandro
Viola. Un elenco extraordinario, entregado y preciso, que
construye colectivamente una obra de enorme riqueza. Cada presencia, cada
gesto, cada voz suma a un entramado escénico donde nadie está de más y donde el
trabajo en conjunto se vuelve una verdadera celebración del teatro.
La coreografía es una maravilla. El cuerpo se convierte en relato, la danza
en memoria, el movimiento en paisaje. Malambos, ritmos, energía y plasticidad
se enlazan con una potencia visual que conmueve y deslumbra. Hay una belleza
extraordinaria en esa manera de contar también con el cuerpo, de hacer que la
tradición popular se vuelva lenguaje teatral y que el escenario entero palpite
al ritmo de nuestra tierra.
Santos Vega nos recuerda que hay historias que no necesitan ser ciertas para
ser verdaderas; leyendas que nos pertenecen porque guardan algo esencial de
nosotros mismos. Entre payadas, encuentros, despedidas, dolores y
celebraciones, la obra nos devuelve aromas, sonidos y sentimientos que creíamos
olvidados, pero que solo estaban esperando volver a despertar.
Qué alegría que el Teatro Nacional Cervantes apueste por propuestas de esta
dimensión artística y cultural. Qué necesario es volver a encontrarnos con
nuestras raíces a través de un teatro que honra la tradición sin renunciar a la
creatividad, la belleza y la fuerza expresiva del presente.
Una dirección brillante, un elenco formidable, una compañía que deslumbra,
una coreografía memorable y un Federico Llambí que encarna a Santos Vega con
enorme presencia escénica.
Teatro del que emociona, del que celebra lo nuestro, del que nos recuerda
quiénes somos y de dónde venimos.
Porque, a veces, para abrazar lo nuevo, necesitamos volver al principio.
Meche Martínez
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