Hay obras que se ven. Hay obras que se sienten. Y hay obras —muy pocas— que se alojan en el cuerpo del espectador como una verdad que ya no puede desoírse. Mazel Toc pertenece a esta última categoría.
El unipersonal de Nicolás Litman, con dirección de Fernando Ricco y
producción de Sebastián Kirsnzer desde La Pausa Teatral, no es simplemente una
pieza escénica: es un acto de exposición radical, una ceremonia íntima donde la
biografía se vuelve materia poética sin perder jamás su filo.
Desde el inicio, Litman no interpreta: se ofrece. Su cuerpo, atravesado
por el Tourette, se convierte en archivo vivo de una memoria que no busca
embellecer el pasado sino decirlo con crudeza. Ahí radica la potencia de esta
dramaturgia del yo: en no ceder a la tentación de la liviandad, en no pedir
permiso para incomodar. Cada tic, cada gesto, cada interrupción del discurso no
es obstáculo sino lenguaje. Es el teatro en su forma más honesta, cuando lo que
sucede no puede disociarse de quien lo encarna.
La dirección de Ricco acompaña con una precisión exacta. No hay
artificio que distraiga, no hay exceso que subraye. Todo está puesto al
servicio de esa voz que se construye en escena como quien arma su identidad a
pedazos. El ritmo —a veces vertiginoso, a veces suspendido— permite que el
relato respire y, a la vez, golpee. Porque Mazel Toc también es eso:
una serie de impactos emocionales que dialogan con la risa y el dolor sin
jerarquías.
El recorrido vital de Nico —desde ese niño que a los cuatro años recibe
un diagnóstico que no termina de comprender, hasta el adulto que decide
narrarse— está tejido con una lucidez que conmueve. El bullying, lejos de
quedar encapsulado como “una etapa”, aparece en su dimensión estructurante:
como marca, como herida que organiza la forma de estar en el mundo. Sin embargo
la obra no se instala en el padecimiento, lo trasciende y lo resignifica.
Hay en Mazel Toc una ética de la resiliencia que no cae en el
discurso motivacional ni en la épica fácil. Es una resiliencia trabajada,
áspera, conquistada. Una que se construye en la tensión entre la fragilidad y
la persistencia. En ese sentido, el espectáculo funciona como espejo y como
refugio: quien mira no sólo asiste a la historia de otro, sino que
inevitablemente roza la propia.
La impronta del judaísmo, presente como identidad y como tono, suma una
capa más a esta experiencia. No como ornamento cultural, sino como una matriz
simbólica que dialoga con la memoria, la herencia y la pregunta constante por
el sentido.
Lo que hace Litman es, en definitiva, un acto de valentía poco
frecuente: poner el cuerpo —literal y metafóricamente— para narrar aquello que
muchas veces se oculta. Sin tibieza. Sin concesiones. Con una verdad que
desarma.
Mazel Toc no busca la compasión. Busca algo mucho más
complejo y necesario: el encuentro. Y en ese encuentro, profundamente humano,
el teatro recupera su función más vital: la de recordarnos que incluso en la
herida hay posibilidad de belleza.
Meche Martinez
Libro: Nicolás
Litman, Fernando
Ricco
Diseño de
escenografía: Marina
Alejandra Balduzzi, Fernando
Ricco
Realización de
escenografia: Marina
Alejandra Balduzzi
Realización de
pelucas: Mónica
Gutierrez
Producción: Sebastián
Kirszner
(LA
PAUSA) TEATRAL
Luis Viale 625
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 1551232030
Web: http://www.lapausateatral.com.ar
Viernes - 20:30 hs - Hasta el 25/04/2026
Sábado - 18:30 hs - Hasta el 25/04/2026
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