miércoles, 20 de mayo de 2026

A propósito de los besos

 

En tiempos donde todo parece acelerado, donde el amor se desliza por pantallas y los vínculos se consumen con la velocidad de un dedo que hace “scroll”, A propósito de los besos aparece como una pequeña ceremonia sensible sobre aquello que todavía nos salva: el contacto humano. El beso como archivo emocional. Como memoria del cuerpo. Como lenguaje imposible de reemplazar.

En el imponente y mágico Palacio Libertad, ex Correo Argentino, la obra encuentra además un territorio perfecto para desplegar su poética. Hay algo majestuoso en esos salones enormes, cargados de historia y belleza, que vuelve aún más íntima la experiencia. Como si el espectáculo conviviera con ecos antiguos, con cartas de amor nunca enviadas, con despedidas suspendidas en las paredes del lugar. El espacio no es solamente una locación: es parte emocional de la obra.

La dirección de Alfredo Megna trabaja desde la delicadeza. Megna entiende que el material no necesita estridencias; le alcanza con escuchar el pulso interno de una mujer atravesada por sus recuerdos, sus deseos y sus contradicciones. Su puesta construye un equilibrio hermoso entre el humor, la melancolía y cierta torpeza emocional profundamente humana. Todo parece flotar con naturalidad, como esos pensamientos que aparecen sin permiso cuando alguien habla del amor.

Y allí emerge enorme Coni Marino. Dueña de una sensibilidad escénica extraordinaria, Marino compone una investigadora desbordada por sus propias pasiones con inteligencia, timing y muchísima verdad. Su actuación tiene música interna. Hay algo en su manera de habitar el texto que conmueve porque jamás busca el efecto fácil: simplemente ocurre. Pasa del humor absurdo a la emoción más frágil con una organicidad admirable. Canta, actúa, recuerda, teoriza y se derrumba frente al público con una humanidad luminosa.

La música en vivo de Leandro Marquesano es otro de los grandes aciertos del espectáculo. El piano no acompaña: conversa. Respira junto a la actriz. Subraya silencios, sostiene climas y transforma cada escena en un pequeño instante cinematográfico. Hay funciones donde la música aparece como adorno; aquí se vuelve corazón.

A propósito de los besos no intenta explicar científicamente nada. Y quizás allí radique su belleza. Porque los besos, como el amor, pertenecen más al territorio del temblor que al de la razón. La obra entiende eso profundamente y lo convierte en teatro.

Un espectáculo sensible, inteligente y profundamente humano, en uno de los espacios culturales más bellos de Buenos Aires. Una experiencia para recordar que todavía necesitamos besarnos, mirarnos y emocionarnos frente a otros.

Meche Martínez

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La última sesión de Freud

  “No es solo un fuerte debate, es una obra profunda sobre dos hombres que viven y discuten los grandes temas de todos los tiempos, con in...