Hay algo profundamente incómodo —y por eso mismo, profundamente eficaz— en “Toda persona vista de cerca es un monstruo”. La obra escrita por María Zubiri y dirigida por Mauro Anton no busca agradar: busca revelar. Y en ese gesto, encuentra su potencia.
Zubiri construye una dramaturgia filosa. No hay
excesos ni concesiones: cada línea parece empujar hacia el desmoronamiento
inevitable de esas máscaras sociales que, en apariencia, sostienen la
convivencia. Lo interesante es que no apela al dramatismo clásico, sino a una estructura
donde el humor —ácido, incómodo, casi cruel— funciona como dispositivo de
verdad. Se ríe el espectador, sí, pero con una risa que queda a mitad de
camino, como si algo propio hubiera sido expuesto en escena.
La estructura de la cena entre dos parejas podría
remitir a un esquema ya transitado, pero Zubiri logra resignificarlo desde el
detalle: los silencios, las interrupciones, los pequeños gestos que delatan más
que cualquier parlamento. Allí es donde su dramaturgia se vuelve inteligente:
no se trata solo de lo que se dice, sino de lo que se filtra, de lo que se
escapa. En ese “escape” aparece lo monstruoso.
La obra se inscribe en lo que ella misma propone como
“anticomedia”, y el término no es menor. No hay alivio en el humor, no hay
redención. Lo que hay es una exposición brutal de los vínculos: la envidia que
se disfraza de admiración, el deseo que se oculta bajo la corrección, la
frustración profesional que se vuelve veneno en la pareja. Todo eso emerge sin
anestesia, en una progresión dramática que incomoda porque es reconocible.
El regreso al circuito off en El Camarín de las Musas
no es casual: es el espacio ideal para una obra que necesita cercanía, casi
como si el espectador también estuviera sentado a esa mesa. Porque ahí está la
clave de la propuesta: no hay distancia posible. La obra funciona como espejo,
pero no uno amable, sino uno que devuelve una imagen deformada… o tal vez
demasiado real.
Zubiri no juzga a sus criaturas, las expone, y así deja
al descubierto una certeza incómoda: lo monstruoso no es una excepción, sino
una condición latente. La risa, entonces, no libera: revela.
Meche Martinez
Actúan: Sol
Kohanoff, Emiliano
Pandelo, Maximiliano
Prioriello, María
Zubiri
Actores
reemplazo: Agustina
De Los Santos
Diseño de
vestuario: Compañía
Los Pretendientes
Diseño de
espacio: Mauro
Anton
Redes Sociales: Compañía
Los Pretendientes
Diseño De
Iluminación: Marco
Pastorini
Fotografía: Gabriel
Bertini, Renata
Marano
Diseño gráfico: Páris
V. Mardones, Maximiliano
Prioriello
Asistencia
general: Romeo
Prioriello
Asistencia
técnica: Romeo
Prioriello
Asistencia de
dramaturgia: Mónica
Salerno
Sábados, en el Camarin de las Musas, 20:30 hs

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