jueves, 26 de marzo de 2026

Toda persona vista de cerca es un monstruo

 

Hay algo profundamente incómodo —y por eso mismo, profundamente eficaz— en “Toda persona vista de cerca es un monstruo”. La obra escrita por María Zubiri y dirigida por Mauro Anton no busca agradar: busca revelar. Y en ese gesto, encuentra su potencia.

Zubiri construye una dramaturgia filosa. No hay excesos ni concesiones: cada línea parece empujar hacia el desmoronamiento inevitable de esas máscaras sociales que, en apariencia, sostienen la convivencia. Lo interesante es que no apela al dramatismo clásico, sino a una estructura donde el humor —ácido, incómodo, casi cruel— funciona como dispositivo de verdad. Se ríe el espectador, sí, pero con una risa que queda a mitad de camino, como si algo propio hubiera sido expuesto en escena.

La estructura de la cena entre dos parejas podría remitir a un esquema ya transitado, pero Zubiri logra resignificarlo desde el detalle: los silencios, las interrupciones, los pequeños gestos que delatan más que cualquier parlamento. Allí es donde su dramaturgia se vuelve inteligente: no se trata solo de lo que se dice, sino de lo que se filtra, de lo que se escapa. En ese “escape” aparece lo monstruoso.

La obra se inscribe en lo que ella misma propone como “anticomedia”, y el término no es menor. No hay alivio en el humor, no hay redención. Lo que hay es una exposición brutal de los vínculos: la envidia que se disfraza de admiración, el deseo que se oculta bajo la corrección, la frustración profesional que se vuelve veneno en la pareja. Todo eso emerge sin anestesia, en una progresión dramática que incomoda porque es reconocible.

El regreso al circuito off en El Camarín de las Musas no es casual: es el espacio ideal para una obra que necesita cercanía, casi como si el espectador también estuviera sentado a esa mesa. Porque ahí está la clave de la propuesta: no hay distancia posible. La obra funciona como espejo, pero no uno amable, sino uno que devuelve una imagen deformada… o tal vez demasiado real.

Zubiri no juzga a sus criaturas, las expone, y así deja al descubierto una certeza incómoda: lo monstruoso no es una excepción, sino una condición latente. La risa, entonces, no libera: revela.

Meche Martinez

Dramaturgia: María Zubiri

Actúan: Sol KohanoffEmiliano PandeloMaximiliano PriorielloMaría Zubiri

Actores reemplazo: Agustina De Los Santos

Diseño de vestuario: Compañía Los Pretendientes

Diseño de espacio: Mauro Anton

Redes Sociales: Compañía Los Pretendientes

Diseño De Iluminación: Marco Pastorini

Fotografía: Gabriel BertiniRenata Marano

Diseño gráfico: Páris V. MardonesMaximiliano Prioriello

Asistencia general: Romeo Prioriello

Asistencia técnica: Romeo Prioriello

Asistencia de dramaturgia: Mónica Salerno

Prensa: Carolina Alfonso

Dirección: Mauro Anton

 

Sábados, en el Camarin de las Musas, 20:30 hs

 

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