martes, 10 de marzo de 2026

Boy

 


En “Boy”, el unipersonal protagonizado por Boy Olmi que se presenta los jueves en el Teatro Picadero, la escena se transforma en un territorio íntimo donde el teatro funciona, ante todo, como un ejercicio de memoria. No se trata solamente de recordar: Olmi explora la memoria como un material vivo, poroso, que se deforma, se ilumina y se vuelve relato frente al público.

El actor se coloca en un lugar de exposición poco frecuente: el de quien revisita su propia historia con la fragilidad y la ironía que el paso del tiempo habilita. “Boy” no es una autobiografía lineal ni un inventario nostálgico de recuerdos; es, más bien, un tejido de evocaciones donde la infancia, la familia, las imágenes culturales y los pequeños episodios de una vida se entrelazan con una mirada lúcida sobre el presente.

Lo más notable del espectáculo es el trabajo actoral sobre la memoria. Olmi no se limita a narrar recuerdos: los encarna. Cada evocación aparece como si emergiera en ese mismo instante, con la espontaneidad de quien descubre algo mientras lo cuenta. Hay allí un procedimiento teatral muy preciso: el actor modula su voz, su cuerpo y sus silencios para transformar anécdotas en pequeñas escenas. Así, el pasado deja de ser relato y se vuelve experiencia compartida.

La puesta acompaña con sobriedad este dispositivo. Sin grandes artificios escénicos, el espectáculo se sostiene en la potencia del intérprete y en la inteligencia del texto. Ese minimalismo permite que el foco permanezca en lo esencial: la palabra, la evocación y la presencia del actor. En ese espacio despojado, cada recuerdo adquiere densidad emocional.

A lo largo de la función, Olmi despliega también un humor delicado, muchas veces autoirónico, que evita cualquier deriva solemne. La memoria aparece entonces como un territorio ambiguo: a veces luminoso, a veces melancólico, pero siempre atravesado por la conciencia de que recordar es también reconstruir y reinventar.

“Boy” se convierte así en una experiencia teatral profundamente humana. Un actor frente al público, revisando su vida y, al hacerlo, tocando inevitablemente zonas comunes de quienes lo escuchan. Porque en ese ejercicio de memoria personal late algo universal: la pregunta por lo que fuimos, por lo que recordamos haber sido y por lo que todavía somos capaces de contar.

Los jueves en el Picadero, Boy Olmi demuestra que el teatro puede ser, simplemente, un hombre y sus recuerdos, y que cuando ese material se trabaja con honestidad y oficio, alcanza para construir una noche de teatro conmovedora. (Meche Martínez)  🎭

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La muerte ajena, de Claudia Piñeiro

Hay novelas que nacen del misterio. Otras nacen de una pregunta moral. La muerte ajena pertenece a una tercera categoría más inquietante: a...