Hay rituales que una guarda durante años como una
promesa íntima. Conocer el Teatro Colón era, para mí, uno de ellos. No bastaba
con entrar: había que hacerlo con el corazón dispuesto. Vestirse hermoso,
perfumarse, mirarse al espejo y sentir que una también pertenece a esa
ceremonia cultural que el Colón impone y regala. Si ese bautismo iba a suceder,
qué mejor que de la mano de Emiliano Dionisi, con un homenaje a Astor
Piazzolla.
Así llegué a “Astor, Piazzolla Eterno”, y lo
que encontré no fue sólo un espectáculo: fue una experiencia estética total,
una celebración amorosa y profundamente argentina.
El Colón, con su acústica perfecta y su arquitectura
que respira historia, se transformó en el escenario ideal para ese cruce
delicado entre realidad, música y sueño que propone la obra. Dionisi no
presenta un concierto ilustrado ni una biografía lineal: construye un viaje al
inconsciente de Piazzolla. A su pulso creativo, su contradicción, su fuego.
Allí donde el artista se vuelve carne y a la vez mito.
La dramaturgia y la puesta en escena revelan una
inteligencia sensible. Hay una comprensión profunda del legado piazzolliano,
pero también una osadía poética para resignificarlo. Dionisi tiene esa rara
virtud: crear desde el amor. Y cuando el arte nace de ese lugar, sucede lo
inevitable: todo vibra, todo respira, todo emociona. ¿Será por eso que le sale
tan bien? Porque no hay cálculo frío; hay entrega.
En escena, la música es columna vertebral y latido. La
orquesta en vivo —con la dirección y música de Nicolás Guerschberg— es un
acontecimiento en sí misma. Se aplaude de pie a Lucio Balduini, Daniel Falasca,
Serdar Geldirmurado, Alejandro y Nicolás Guerschberg, Francisco Huici, Paula
Pomeraniec y Sara Ryan. Cada nota no sólo suena: atraviesa. La acústica del
Colón hace lo suyo, claro, pero hay algo más: una comunión absoluta entre
músicos y material. Piazzolla vuelve a ser presente.
Y qué decir de los cuerpos. Alejandro Andrián y
Victoria Galoto bailan y la descosen. El tango deja de ser postal para
convertirse en tensión, deseo, ruptura. El movimiento dialoga con la música
como si ambos hubieran nacido juntos. Hay potencia, hay riesgo, hay una
fisicalidad que electriza.
El elenco vocal y actoral —Natalia Cociuffo, Federico
Llambí, Belén Pasqualini, Rodrigo Pedreira, Nacho Pérez Cortés y Alejandra
Perlusky— sostienen con talento y presencia una narrativa que exige
versatilidad y verdad. Cantan, actúan, encarnan. No ilustran a Piazzolla: lo
atraviesan. Cada intervención suma una capa más a ese retrato emocional que la
obra va componiendo.
La excelencia también se percibe en los detalles: la
escenografía de Tato Fernández aporta lujo y profundidad visual; el vestuario
de Jorge López es elegante y preciso; la producción del Teatro Colón junto a
RGB Entertainment confirma que cuando las grandes instituciones apuestan al
talento genuino, el resultado es memorable.
Pero en el centro está Dionisi. Autoría, puesta en
escena y dirección confluyen en una mirada clara y generosa. Él sigue
construyendo arte y teatro desde el amor, expandiendo los límites de lo
posible, demostrando que la tradición no es un museo sino un territorio vivo.
En el Colón —ese templo que impone respeto— logró algo difícil: hacerlo latir
contemporáneo.
“Astor, Piazzolla Eterno” no es sólo un homenaje. Es
una reafirmación de identidad cultural. Es recordar que Piazzolla emocionó,
emociona y emocionará al mundo porque tocó una fibra esencial del ADN
argentino. Es confirmar que hoy tenemos creadores capaces de dialogar con esa
herencia sin achicarse.
Salí del teatro con el corazón expandido. Con la
sensación de haber asistido a algo irrepetible. Con la certeza de que el deseo
cumplido —conocer el Colón así, de esta manera— fue un regalo inmenso.
Sí: “Astor, Piazzolla Eterno” es el espectáculo del
año en nuestro amado Teatro Colón. Cuando el arte alcanza esta altura, lo único
que queda es agradecer de pie. (Meche Martínez)
Orquesta: Lucio
Balduini, Daniel
Falasca, Serdar
Geldirmurado, Alejandro
Guerschberg, Nicolás
Guerschberg, Francisco
Huici, Paula
Pomeraniec, Sara
Ryan
Intérpretes: Natalia
Cociuffo, Federico
LLambí, Belen
Pasqualini, Rodrigo
Pedreira, Nacho
Pérez Cortés, Alejandra
Perlusky
Bailarines: Alejandro
Andrián, Victoria
Galoto
Diseño de
vestuario: Jorge
Lopez
Diseño de
escenografía: Tato
Fernandez
Diseño De
Sonido: Rodrigo
Perret Lavecchia, Juan
Pablo Recio
Stage Manager: Alejandro
Pellegrino
Operación de
luces: Santiago
Cámara
Operación de
sonido: Hernán
Altamirano
Operación de
video: Agustín
García
Diseño De
Iluminación: Santiago
Cámara, Mariano
Demaría
Diseño gráfico: Lucila
Gejtman
Asistencia
coreográfica: Cesar
Peral
Asistencia de
vestuario: Analia
Morales
Asistencia
técnica: Alejandro
Pellegrino
Asistencia de
dirección: Carolina
Basaldúa
Arreglos
corales: Francisco
Martínez Castro
Prensa: Vanesa
Bafaro, Juan
Gutiérrez Arana
Arreglos
musicales: Nicolás
Guerschberg
Producción
ejecutiva: Natalia
Perez Vische
Producción
general: Teatro
Colón, Rgb
Entertainment
Supervisión De
Producción: Alan
Gejtman
Dirección de
Producción: Matías
Baraviera
Diseño de
coreografia: Soledad
Buss
Puesta en
escena: Emiliano
Dionisi
Dirección
musical: Nicolás
Guerschberg
Dirección
técnica: Paz
Zavaleta
Dirección De
Orquesta: Nicolás
Guerschberg
Dirección
artística: Tato
Fernandez
TEATRO
COLÓN
Cerrito 618 - CP 1010
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: (54-11) 4378-7100
Web: http://www.teatrocolon.org.ar
Domingo - 18:00 hs - Hasta el 28/02/2026
Martes, Miércoles, Jueves y Viernes - 21:30 hs - Hasta el 28/02/2026
Sábado - 20:30 hs - Hasta el 28/02/2026
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