lunes, 23 de marzo de 2026

MAZEL TOC

 

Hay obras que se ven. Hay obras que se sienten. Y hay obras —muy pocas— que se alojan en el cuerpo del espectador como una verdad que ya no puede desoírse. Mazel Toc pertenece a esta última categoría.

El unipersonal de Nicolás Litman, con dirección de Fernando Ricco y producción de Sebastián Kirsnzer desde La Pausa Teatral, no es simplemente una pieza escénica: es un acto de exposición radical, una ceremonia íntima donde la biografía se vuelve materia poética sin perder jamás su filo.

Desde el inicio, Litman no interpreta: se ofrece. Su cuerpo, atravesado por el Tourette, se convierte en archivo vivo de una memoria que no busca embellecer el pasado sino decirlo con crudeza. Ahí radica la potencia de esta dramaturgia del yo: en no ceder a la tentación de la liviandad, en no pedir permiso para incomodar. Cada tic, cada gesto, cada interrupción del discurso no es obstáculo sino lenguaje. Es el teatro en su forma más honesta, cuando lo que sucede no puede disociarse de quien lo encarna.

La dirección de Ricco acompaña con una precisión exacta. No hay artificio que distraiga, no hay exceso que subraye. Todo está puesto al servicio de esa voz que se construye en escena como quien arma su identidad a pedazos. El ritmo —a veces vertiginoso, a veces suspendido— permite que el relato respire y, a la vez, golpee. Porque Mazel Toc también es eso: una serie de impactos emocionales que dialogan con la risa y el dolor sin jerarquías.

El recorrido vital de Nico —desde ese niño que a los cuatro años recibe un diagnóstico que no termina de comprender, hasta el adulto que decide narrarse— está tejido con una lucidez que conmueve. El bullying, lejos de quedar encapsulado como “una etapa”, aparece en su dimensión estructurante: como marca, como herida que organiza la forma de estar en el mundo. Sin embargo la obra no se instala en el padecimiento, lo trasciende y lo resignifica.

Hay en Mazel Toc una ética de la resiliencia que no cae en el discurso motivacional ni en la épica fácil. Es una resiliencia trabajada, áspera, conquistada. Una que se construye en la tensión entre la fragilidad y la persistencia. En ese sentido, el espectáculo funciona como espejo y como refugio: quien mira no sólo asiste a la historia de otro, sino que inevitablemente roza la propia.

La impronta del judaísmo, presente como identidad y como tono, suma una capa más a esta experiencia. No como ornamento cultural, sino como una matriz simbólica que dialoga con la memoria, la herencia y la pregunta constante por el sentido.

Lo que hace Litman es, en definitiva, un acto de valentía poco frecuente: poner el cuerpo —literal y metafóricamente— para narrar aquello que muchas veces se oculta. Sin tibieza. Sin concesiones. Con una verdad que desarma.

Mazel Toc no busca la compasión. Busca algo mucho más complejo y necesario: el encuentro. Y en ese encuentro, profundamente humano, el teatro recupera su función más vital: la de recordarnos que incluso en la herida hay posibilidad de belleza.

Meche Martinez


Libro: Nicolás LitmanFernando Ricco

Actúan: Nicolás Litman

Diseño de escenografía: Marina Alejandra BalduzziFernando Ricco

Realización de escenografia: Marina Alejandra Balduzzi

Realización de pelucas: Mónica Gutierrez

Video: Santiago Piatti

Fotografía: Omar Díaz

Prensa: Daniel Franco

Producción: Sebastián Kirszner

Dirección: Fernando Ricco

(LA PAUSA) TEATRAL
Luis Viale 625 
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 1551232030
Web: 
http://www.lapausateatral.com.ar
Viernes - 20:30 hs - Hasta el 25/04/2026
Sábado - 18:30 hs - Hasta el 25/04/2026

 

 

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