miércoles, 15 de abril de 2026

Silencio de Hembra

 

Hay obras que no buscan agradar sino incomodar en el sentido más noble del término: ese que sacude, que desplaza, que obliga a mirar donde durante demasiado tiempo se eligió no mirar. Silencio de hembra, de Mónica Salvador, se inscribe con una potencia singular en esa línea de teatro necesario, urgente, casi diría vital.

Desde su arquitectura dramatúrgica, la pieza despliega una poética que no cede ante lo complaciente. Hay una escritura, la de Mónica Salvador, que respira como si cada palabra hubiese sido arrancada de un lugar profundo, donde la memoria no es lineal sino fragmentaria, caprichosa, incluso dolorosamente esquiva. En ese mismo desorden se organiza un sentido: el de una identidad que pugna por reconstruirse. Salvador no narra, evoca; no describe, hiere con belleza. Su texto tiene la crudeza de lo indecible, pero también un vuelo lírico que lo eleva, evitando caer en cualquier forma de literalidad o golpe bajo.

En escena, Belén Santos realiza un trabajo de una entrega conmovedora. Su actuación no sólo es brillante en términos interpretativos, sino profundamente orgánica: el cuerpo habla tanto como la palabra. Hay en su composición una fisicalidad que no ilustra, sino que encarna el trauma, lo atraviesa, lo vuelve presente. Y como si esto no bastara, Santos ejecuta en vivo la música —con partituras originales de Andrea Spinadel— integrando el piano como extensión emocional de la escena, como si cada nota fuese también una forma de decir aquello que no puede pronunciarse.

El trabajo corporal, concebido bajo la impronta inconfundible de Marcelo Savignone, aporta una dimensión expresiva de altísima precisión. No hay gesto que sobre, no hay desplazamiento que no esté cargado de sentido. La escena se vuelve entonces un territorio donde el lenguaje se multiplica: palabra, música y cuerpo dialogan en una misma intensidad.

La dirección de Herminia Jensezian se distingue por una sobriedad inteligente. En un gesto que revela plena conciencia del material que tiene entre manos, elige lo despojado, y en ese despojar, potencia. Porque cuando lo esencial está en juego —la memoria, el abuso, la reconstrucción subjetiva— todo artificio resulta innecesario. La escena queda así librada a la verdad del acontecimiento, a ese espacio donde lo que importa es que, finalmente, alguien pueda hablar.

En el íntimo y siempre acogedor espacio Tadrón, la obra encuentra su territorio ideal. Allí, la cercanía con el público intensifica la experiencia: no hay distancia posible frente a lo que se expone. Y es en esa proximidad donde Silencio de hembra termina de desplegar su potencia política y sensible.

Silencio de hembra no es una obra fácil, ni pretende serlo. Es una experiencia que interpela, que duele y que, justamente por eso, resulta imprescindible. ¡Para ver! Y DEBATIR… sin dudarlo.

Meche Martinez

 

 

Autoría: Mónica Salvador

Actúan: Belén Santos

Redes Sociales: Florencia Gerez

Música original: Andrea Spinadel

Diseño gráfico: Pedro Schiavi Iglesias

Prensa: Daniel Franco

Diseño de movimientos: Marcelo Savignone

Puesta en escena: Herminia Jensezian

Dirección general: Herminia Jensezian

 

TADRON TEATRO
Niceto Vega 4802 
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 4777-7976
Web: 
http://www.tadronteatro.com.ar
Domingo - 18:00 hs - Hasta el 31/05/2026

 

 

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