Selva Almada
Hay lugares donde todavía es posible que algo ocurra. Salvaje Federal es uno de ellos. No solo una librería —aunque lo sea— ni únicamente un proyecto cultural —aunque también—, sino un punto de encuentro donde la literatura vuelve a respirar sin apuro, lejos del ruido, del algoritmo y del centralismo que suele dictar qué se lee y qué no.
Creado por
la escritora Selva Almada junto a cuatro amigas, Salvaje Federal nació como
librería virtual con una misión clara: visibilizar y hacer circular literatura
argentina producida y editada en las provincias. Libros que muchas veces no
llegan a las grandes vidrieras, pero que contienen mundos enteros. Hoy, además,
ese gesto se materializa en un espacio físico en Humahuaca y Medrano, donde los
libros no solo se compran: se habitan.
El lunes
pasado, por ejemplo, el lugar se transformó. Con música en vivo y un
dispositivo audiovisual sencillo, se desarrolló una jornada de lectura que
logró algo cada vez más raro: que la gente dejara el celular. En la voz de
Selva Almada, las palabras se fueron espesando, atrapando intereses, generando
un silencio atento, casi corporal. Un público ávido —lector, curioso, sensible—
se dejó llevar por ese acto tan antiguo y tan político como escuchar a alguien
leer en voz alta.
En Salvaje
Federal también importan los detalles y las personas. En la secretaría está
Naty Veroni, una presencia amorosa que sonríe apenas uno cruza el umbral, como
si entrar fuera ya formar parte de algo. Por ahí anda Meme —Mercedes—,
ofreciendo libros a precios democráticos, con esa convicción silenciosa de que
la literatura no debería ser un lujo. Y July Nin, asistente y cómplice de las
movidas culturales, que además te salva la noche con un “tintillo de verano”,
fresco, tomable, inesperadamente bueno —casi un acto militante en un circuito
donde las bebidas en eventos suelen ser apenas un trámite—.
Entre
estanterías y conversaciones, no es raro cruzarse con escritoras como Dolores
Reyes, autora de Cometierra, discípula y amiga personal de Almada. En
Salvaje Federal los autores no son figuras lejanas: deambulan, escuchan,
conversan, comparten.
Más que una
librería, Salvaje Federal es un espacio donde se trama comunidad, donde se
discute —sin solemnidad— cómo circula la literatura en Argentina y qué voces
quedan al margen. Su nombre, elegido con ironía y humor político, dialoga con
la historia para resignificarla: lo salvaje, lo federal, lo diverso como
potencia creativa y no como periferia.
En tiempos
de consumo veloz y atención fragmentada, Salvaje Federal insiste en algo simple
y radical: encontrarnos. Leer. Escuchar. Abrir, aunque sea por un rato, el
mundo cultural.
Meche Martínez

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